TALLER No. 17
INSTRUCCIONES:
Señoritas
y señores estudiantes de octavos
"A" al "E". De acuerdo al cronograma enviado por el
ministerio, realizar las siguientes tareas en sus cuadernos, que serán revisados
al término de la emergencia.
INDICACIÓN ADICIONAL:
Los padres de familia y representantes de las señoritas y señores estudiantes
de los octavos "A" Al "E", deben estar pendientes sobre la
fecha desde la cual trabajaremos con la plataforma del Ministerio de Educación
(TEAMS). Mientras tanto y hasta segunda
orden lo haremos de esta manera.
LECTURA COMPRENSIVA
Tomado de la novela
"CORAZÓN". Autor, Edmundo de Amicis
Lea
el siguiente texto y responda las
preguntas abajo indicadas.
1)
Leer desde la página nueve a partir de "el muchacho calabrés", hasta
la página doce, donde dice "os
perdono".
Recordemos señoritas y señores estudiantes
que esta es una novela italiana, referida al diario de un niño, en una escuela
de ese país.
EL MUCHACHO CALABRÉS
Sábado, 22
Ayer tarde, mientras
el maestro nos daba noticias del pobre Robetti, que ahora tendría que andar con
muletas, entró el director con un nuevo alumno: un niño de cara muy morena, de
cabello negro, ojos también negros y grandes, de espesas cejas y poblado
entrecejo; vestía de oscuro y un cinturón de cuero negro ceñía el talle. El
director, después de hablar al maestro al oído, salió dejándole a su lado al
muchacho, que nos miraba espantado. Entonces el maestro lo tomó de la mano y
dijo a la clase:
-Os debéis alegrar.
Hoy entra en la escuela un nuevo alumno nacido en Reggio di Calabria, a más de
cincuenta leguas de aquí. Quered bien a vuestro compañero que de tan lejos
viene. Ha nacido en la tierra gloriosa que antes dio a Italia hombres ilustres
y hoy le da honrados labradores y bravos soldados; es una de las comarcas más bellas
de nuestra patria, y en sus espesas selvas y elevadas montañas habita un pueblo
lleno de ingenio y de corazón esforzado. Tratadlo bien, para que no sienta
estar lejos del pueblo natal; hacedle comprender que todo chico italiano
encuentra hermanos en toda escuela italiana donde ponga el pie.
Enseguida se levantó
y nos mostró en el mapa de Italia dónde está situada la provincia de Calabria.
Después llamó a Ernesto Derossi, que es el que saca siempre el primer premio.
Derossi se puso en pie.
-Ven aquí –dijo el maestro.
Derossi salió de su
banco y fue a situarse junto al escritorio, frente al calabrés.
-Como el primero de
la escuela –dijo el maestro- da el abrazo de bienvenida, en nombre de toda la
clase, al nuevo compañero: el abrazo de los hijos del Piamonte al hijo de
Calabria.
Derossi murmuró con
voz conmovida: “¡Bien venido!” y abrazó al calabrés; Éste lo besó con fuerza en
las dos mejillas. Todos aplaudieron.
-¡Silencio! –gritó el
maestro-. En la escuela no se aplaude.
Pero se notaba que
estaba satisfecho, y hasta el calabrés parecía contento. El maestro le indicó
sitio y lo acompañó hasta su banco. Después continuó:
-Recordad bien lo que os digo. Lo mismo que un muchacho de
Calabria está como en su hogar en Turín, uno de Turín debe estar como en su
propia casa en Calabria; por esto combatió nuestro país cincuenta años y
murieron treinta mil italianos. Os debéis respetar y querer todos mutuamente;
cualquiera de vosotros que ofendiese a este compañero por no haber nacido en
nuestra provincia, se haría para siempre indigno de mirar con la frente alta la
bandera tricolor.
Apenas el calabrés se
sentó en su sitio, los alumnos más próximos lo obsequiaron con plumas y
estampas, y otro muchacho, desde el último banco, le mandó una estampilla de
Suecia.
MIS COMPAÑEROS
Martes, 25
El muchacho que envió
el sello al calabrés es, de todos, el que más me agrada. Se llama Garrone, y es
el mayor de la clase, tiene cerca de catorce años, es bueno, se nota sobre todo
cuando sonríe, y parece que piensa siempre como un hombre.
Ahora ya conozco a
muchos de mis compañeros. Otro me gusta también; se apellida Coretti y usa un
chaleco de punto color de chocolate y gorra de piel. Siempre está contento. Es
hijo de un empleado de ferrocarril que fue soldado durante la guerra de 1866,
en la división del príncipe Humberto, y que dicen que tiene tres cruces.
El pequeño Nelli es
un pobre jorobadito, gracioso, de rostro delgado y descolorido.
Hay uno muy bien vestido que se está siempre quitando las motas de
la ropa, y se llama Votini.
En el banco que está
delante del mío, hay otro muchacho a quien llaman el “albañilito”, porque su
padre es albañil; su cara es redonda como una manzana, y su nariz es roma.
Tiene una gran habilidad para poner hocico de liebre; todos le piden que lo
haga, y se ríen; lleva un sombrerillo viejo, que enrolla y guarda en el
bolsillo como un pañuelo.
Al lado del “albañilito”
está Garoffi, un tipo alto y grueso, con la nariz de pico de loro y los ojos
muy pequeños, que anda siempre vendiendo plumas, estampas y cajas de fósforos,
y anota la lección en las uñas para leerla a hurtadillas.
Hay luego un
señorito, Carlos Nobis, que parece algo presumido y se halla entre dos
muchachos que me son simpáticos: el hijo de un forjador de hierro, enfundado en
una chaqueta que le llega hasta las rodillas, con palidez de enfermo y que
parece siempre asustado; no se ríe jamás; y otro pelirrojo que tiene un brazo
inmóvil y lo lleva pegado al cuerpo; su padre está en América y su madre vende
hortalizas.
Es también un tipo curioso mi compañero
de la izquierda, Stardi. Éste, pequeño y tosco, sin cuello, gruñón, no habla
con nadie, y creo que entiende poco; pero no aparta los ojos del maestro, a
quien mira sin pestañear, con el entrecejo fruncido y los dientes apretados; si
le preguntan algo cuando el maestro habla, la primera y la segunda vez no
responde, y a la tercera da un cachete. Tiene a su lado a uno de cara adusta y
sucia, que se llama Franti, y que fue expulsado ya de otra escuela.
Hay también dos
hermanos, con vestidos iguales, que parecen gemelos y que llevan sombreros
calabreses con plumas de faisán.
El mejor alumno, el
que tiene más talento y el que también será este año el primero, con seguridad,
es Derossi; y el maestro, que ya lo ha comprendido así, le pregunta siempre.
Yo, sin embargo, quiero más a Precossi, el hijo del herrero, el de la chaqueta
larga, que parece enfermo. Dicen que su padre le pega. Es muy tímido, y cada
vez que pregunta o toca a alguien, dice: “Dispense”. Mira siempre con ojos
tristes y bondadosos. Pero Garrone es el más grande y el mejor de todos.
UN RASGO GENEROSO
Miércoles,
26
Esta mañana,
precisamente, se ha dado a conocer Garrone. Cuando entré en la escuela –un poco
tarde, porque me había detenido la maestra de la primera clase superior para
preguntarme a qué hora podía encontrarnos en casa- el maestro aún no había
llegado, y tres o cuatro muchachos mortificaban al pobre Crossi, el pelirrojo
del brazo malo y cuya madre es verdulera. Le pegaban con las reglas, le tiraban
a la cara cáscaras de castañas y le gritaban motes y lo remedaban, imitándolo
con un brazo pegado al cuerpo. El pobre estaba solo en el extremo del banco,
asustado, y daba pena verlo, mirando ya a uno, ya a otro, con ojos suplicantes
para que lo dejaran en paz; pero los otros lo vejaban más, y entonces él empezó
a temblar y a ponerse rojo de cólera. De pronto Franti, el de la cara sucia, saltó
sobre un banco y haciendo ademán de llevar dos cestas en los brazos, se burló
de la madre de Crossi, cuando venía esperarlo antes de la puerta, pues a la
sazón no iba por estar enferma. Muchos celebraron la burla a carcajadas.
Entonces Crossi perdió la paciencia, y tomando un tintero lo lanzó a la cabeza
de Franti con toda su fuerza; pero Franti se agachó, y el tintero fue a dar en
el pecho del maestro, que entraba en aquel momento. Todos se fueron a su puesto
y enmudecieron atemorizados. El maestro, pálido, subió a la tarima y con voz
alterada preguntó:
-¿Quién ha sido?
Nadie contestó. El
maestro gritó otra vez, alzando aún más la voz.
-¿Quién?
Y entonces Garrone,
dándole lástima el pobre Crossi, se levantó de pronto y dijo resueltamente:
-Yo he sido.
El maestro lo miró;
miró a los alumnos, que estaban atónitos, y luego repuso con voz serena:
-No has sido tú –y
después de un momento añadió-: El culpable no será castigado. ¡Que se levante!
Crossi se levantó y
rompió a llorar:
-Me pegaban, me
insultaban, y yo perdí la cabeza y tiré…
-Siéntate –dijo el
maestro-. ¡Que se levanten los que lo han provocado!
Con la cabeza baja,
se levantaron cuatro.
-Vosotros –dijo el
maestro- habéis insultado a un compañero que no os provocaba, os habéis reído
de un infortunio y habéis golpeado a un débil que no se podía defender. Habéis
cometido una de las acciones más vergonzosas con que se puede manchar criatura
humana… ¡Cobardes!.
Dicho esto salió por
entre los bancos, tomó la cara de Garrone, que estaba con la vista en el suelo,
y alzándole la cabeza y mirándolo fijamente, le dijo:
-¡Tienes un alma
noble!
Garrone, aprovechando
la ocasión, susurró no sé qué palabras al oído del maestro, y éste, volviéndose
hacia los cuatro culpables, dijo bruscamente:
-Os perdono.
2) Realice el siguiente taller en su
cuaderno, sobre la lectura:
A.
Haga
un resumen de seis líneas sobre "el muchacho calabrés".
B.
Quiénes
son los compañeros del protagonista, describa a cada uno en dos líneas.
C.
Haga
una breve reflexión sobre el episodio "un rasgo generoso".
D.
Escriba
en columna cinco palabras esdrújulas, cinco graves y cinco agudas que encontró
en la lectura.
MSc. Franklin Chávez
DOCENTE
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