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TALLER No. 23



TALLER No. 23







INSTRUCCIONES:

Señoritas y señores  estudiantes de octavos "A" al "E", de acuerdo al cronograma enviado por el ministerio, realizar las siguientes tareas en sus cuadernos, que serán revisados al término de la emergencia.

LECTURA COMPRENSIVA

1) De la novela CORAZÓN de Edmundo de Amicis, leer desde la página 15, lo que corresponde a "el pequeño patriota paduano", hasta la página 18, el texto del deshornillador, hasta donde dice "rodeando sus pies".

EL PEQUEÑO PATRIOTA PADUANO
Sábado, 29.
No seré un soldado cobarde, no; pero iría con más gusto a la escuela si el maestro nos refiriese todos los días un cuento como el de esta mañana. Todos los meses, dice, nos contará uno, nos lo dará escrito, y será siempre el relato de una acción buena y verdadera, llevada a cabo por un niño. El pequeño patriota paduano se llama el de hoy. Helo aquí:
Un navío francés partió de Barcelona, ciudad de España, para Génova, llevando a bordo franceses, italianos, españoles y suizos. Había, entre otros, un chico de once años, solo, mal vestido, que estaba siempre aislado, como animal salvaje, mirando a todos de reojo. Y tenía razón para mirar a todos así. Hacía dos años que su padre y su madre, labradores de los alrededores de Padua, lo habían vendido al jefe de cierta compañía de titiriteros, el cual, después de haberle enseñado a hacer varios juegos a fuerza de puñetazos, puntapiés y ayunos, lo había llevado a través de Francia y España, pegándole siempre y teniéndolo en cambio siempre hambriento. Llegado a Barcelona y no pudiendo soportar ya los golpes y el ayuno, reducido a un estado que inspiraba compasión, se escapó de su carcelero y fue a pedir protección al cónsul de Italia, el cual, compadecido, lo había embarcado en aquel navío, dándole una carta para el alcalde de Génova, que debía enviarlo a sus padres, a aquellos mismos que lo habían vendido como una bestia. El pobre muchacho estaba lacerado y enfermo. Le habían dado billete de segunda clase. Todos lo miraban, algunos le preguntaban; pero él no respondía, y parecía odiar a todos. ¡Tanto lo habían irritado y entristecido las privaciones y los golpes! Al fin tres viajeros, a fuerza de insistencia, consiguieron hacerlo hablar, y en pocas palabras, torpemente dichas, mezcla de italiano, español y francés, les contó su historia. No eran italianos aquellos viajeros, pero lo comprendieron, y parte por piedad, parte por excitación del vino, le dieron algunas monedas, instándolo para que contase más. Y habiendo entrado en la cámara en aquel momento algunas señoras, los tres, por darse tono, le dieron aún más dinero, gritando: -¡Toma, toma más!.
Y hacían sonar las monedas sobre la mesa. El muchacho las recogió todas, dando las gracias a media voz, con aire malhumorado, pero con una mirada, por primera vez en su vida, sonriente y cariñosa. Después se fue a su camarote y permaneció allí solo, pensando en lo ocurrido. Con aquel dinero podía tomar algún buen bocado a bordo, después de dos años de no comer más que pan; podía comprarse una chaqueta, apenas desembarcara en Génova, después de dos años de vestir andrajos, y podía también, llevando algo a su casa, tener del padre y de la madre mejor acogida que la que le esperaba si llegase sin nada en los bolsillos. Aquel dinero era para él casi una fortuna, y en esto pensaba, consolándose, mientras los tres viajeros conversaban y bebían sentados a la mesa, en medio de la sala de segunda clase. Se los oía hablar de sus viajes y de los países que habían visto; y de conversación en conversación vinieron a hablar de Italia. Empezó uno a quejarse de sus fondas; otro, de sus ferrocarriles, y después, todos juntos, animándose, hablaron mal de todo. Uno habría preferido viajar por Laponia; otro decía que no había encontrado en Italia más que estafadores y bandidos; el tercero, que los empleados italianos no sabían leer.
-Un pueblo ignorante –decía el primero.
-Sucio –añadió el segundo.
-La… -exclamó el tercero. Iba a decir “ladrón”, pero no pudo acabar la palabra.
Una tempestad de monedas cayó sobre las cabezas y espaldas de los tres, y descargó sobre la mesa y el suelo con ruido infernal. Los tres se levantaron furiosos, mirando hacia arriba, y recibieron aún un puñado de monedas en la cara.
-Recobrad vuestro dinero –dijo con desprecio el muchacho, asomado al lato ventanuco de su camarote-. Yo no acepto limosnas de quienes insultan a mi patria.

NOVIEMBRE
EL DESHOLLINADOR
1° de Noviembre.
Ayer tarde fui a la escuela de niñas que está al lado de la nuestra, para darle el cuento del muchacho paduano a la maestra de Silvia, que deseaba leerlo. ¡Setecientas niñas hay allí! Cuando yo llegué, comenzaban a salir, todas muy contentas por las vacaciones de Todos los Santos y Difuntos, y ¡qué cosa tan hermosa presencié entonces! Frente a la puerta de la escuela, en la otra acera, estaba con un brazo apoyado en la pared y la frente sobre el brazo, un deshollinador muy pequeño, de cara completamente negra, con su saco y su raspador, llorando y sollozando amargamente. Dos o tres muchachas de la segunda sección se acercaron y le dijeron:
-¿Qué tienes, que lloras de esa manera?
Pero él no respondía y continuaba llorando.
-Pero, ¿qué tienes? ¿Por qué lloras? –repetían las niñas; y entonces él separó el rostro del brazo, un rostro infantil, y dijo gimiendo que había estado en varias casa a limpiar las chimeneas, que había ganado algún dinero y lo había perdido, porque se escurrió por el agujero de un bolsillo roto, y que no se atrevía a volver sin él a casa.
-El amo me pega –decía sollozando; y abatió de nuevo, desesperado, la cabeza en el brazo.
Las niñas se quedaron mirándolo muy serias. Entretanto, se habían acercado otras muchachas, grandes y pequeñas, pobres y ricas, todas con sus carteras, y una de las mayores, que llevaba una pluma azul en el sombrero, sacó del bolsillo dos monedas, y dijo:
-Yo no tengo más que esto. Hagamos una colecta.
-También yo tengo dos monedas –dijo otra, de vestido rojo-. Entre todas podremos reunir lo que falta.
Entonces comenzaron a llamarse:
-¡Amalia, Luisa, Anita, eh, dinero! Tú ¿quién tiene dinero? ¡Vengan monedas!
Algunas llevaban dinero para comprar flores o cuadernos, y lo entregaban enseguida. Otras, más pequeñas, sólo pudieron dar unos céntimos. La de la pluma azul recogía todo y  contaba en voz alta: “¡Ocho, diez, quince!”, pero hacía falta más. Entonces llegó la mayor de todas, que parecía una maestrita, dio media lira y todas le hicieron una ovación. Pero faltaba aún.
-Ahora salen las de cuarto grado –dijo una.
Llegaron las de cuarto grado y llovieron entonces las monedas. Todas se arremolinaban, y era un hermoso espectáculo ver a aquel pobre deshollinador en medio de aquellos vestidos de tantos colores, de todo aquel círculo de plumas, de lazos y de rizos. Se habían ya reunido más monedas que las que él dijo haber perdido y aún seguía la colecta; y las más pequeñas, que no tenían dinero, se abrían paso entre las mayores, ofreciendo ramitos de flores, por darle también algo. De pronto apareció la portera gritando:
-¡La señora directora!
Las muchachas escaparon por todos lados, como gorriones a la desbandada, y entonces se vio al pobre deshollinador, solo en medio de la calle, enjugándose los ojos muy feliz, con las manos colmadas de dinero y ostentando ramitos de flores en los ojales de la chaqueta, en los bolsillos, en el sombrero; y hasta había flores por el suelo, rodeando sus pies.




TALLER

2) investigar en el diccionario los significados de paduano, deshornillador.
3) haga un resumen de cinco líneas sobre la lectura del deshornillador, y un comentario personal en dos líneas.





MSc. Franklin Chávez
DOCENTE  








Comentarios

  1. Buenas noches licenciado por favor le ruego que dosifique los deberes de lenguaje por cuanto tenemos otros trabajos que nos envían los demás profesores y también yo no soy el único que ocupa la computadora y el Internet también tengo dos hermanos mas que también ocupan para sus deberes y se nos esta acumulando los deberes por eso le ruego por favor colaborenos
    De antemano le agradezco

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    Respuestas
    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. hola licen soy Ambar Alarcón
    del 8vo "A" .

    ResponderEliminar

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